¿ESTÁN LOS AYUNTAMIENTOS PREPARADOS PARA GESTIONAR UNA NUEVA TRANSICIÓN?

Antonio Díaz MéndezEs la pregunta que nos podemos hacer tras una legislatura convulsionada  por dos grandes terremotos: el “tsunami de la crisis” y el “tsunami e la corrupción”. 

Del “tsunami económico” ya se puede hacer un primer balance y recuento de víctimas: caída brutal de los ingresos tanto ordinarios como extraordinarios y en consecuencia reducción drástica del gasto local. El empleo público ha caido en torno a un 10 %, el gasto corriente entre el 10 y el 20% como media, y las inversiones, según los casos, entre el 20 y el 80 %, según los datos estimados por nuestro colega A. Galofré. Esta ha sido la tónica general en la mayoría de Ayuntamientos.

El resultado global de este austericidio  son unas cuentas locales más saneadas, donde la gran mayoría de los gobiernos locales cumplen actualmente los objetivos de déficit, mientras el grupo minoritario que no los cumple, se encuentran en una situación práctica de “Intervenidos por el Ministerio de Hacienda”.

Los damnificados una vez más son los ciudadanos, no solo porque nuestras calles estén más sucias y la calidad de los servicios se resienta, sino sobre todo, porque el desempleo se mantiene en porcentajes similares, mientras aumenta notablemente la fractura social. No hay más que ver el aumento exponencial de personas atendidas por organizaciones como  Cáritas , que pasa de 370.000 en 2007 a 2.513.503 en 2013, al tiempo que descienden los beneficiarios de  la ley de dependencia y de otros programas sociales municipales por falta de fondos. Con todo, los Ayuntamientos han sido capaces de dar respuesta o al menos “dar la cara” ante la necesidad social (comedores, deshaucios,..etc.) en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Al final de este periodo, somos sin duda más austeros, pero ¿a qué precio?.  No está nada claro que seamos más eficientes, ni tampoco que hayamos logrado innovar nuestros sistemas de gestión, que era otra de las grandes cuestiones iniciales ¿estamos mejor preparados para abordar el cambio de época?.

La Ley de Reforma y Sostenibilidad de la Administración Local se ha alineado sobre todo con esos objetivos de racionalizar, controlar y favorecer la iniciativa económica privada, dejando en segundo plano otros más “delicados” como la clarificación de competencias (C. Campos), cuestión que se apunta como el gran fracaso de esta reforma, junto al olvido de asuntos como la dirección pública profesional, la flexibilización en la función pública o la misma calidad de la democracia local.  De financiación, ni hablamos, porque “ni está ni se le espera”.

En cuanto al  “tsunami de la corrupción”,  cada vez es más en evidente que no estamos hablando solo de “manzanas podridas”.  Necesitamos un sistema que dificulte la corrupción, que provea de incentivos para combatirla y proteja y estimule las “buenas conductas”, incluida la denuncia de las abundantes malas prácticas. Cada día aparece un manifiesto con nuevas medidas, como el de Transparencia internacional o el de “Regenerar la Administración” desde los funcionarios, abierto a debate por C. Marcos en la red social Novagob. Por otra parte, la ciudadanía parece muy dispuesta a “hacer vudú” desde la sociedad civil, utilizando PODEMOS, como bien explicó recientemente JI Torreblanca.

Hemos  iniciado tímidamente un camino con las leyes y ordenanzas de transparencia, si bien el trecho es largo para pasar de una transparencia de escaparate  a otra real, más cercana a la evaluación de políticas, la apertura de datos y rendición de cuentas permanente, y al diseño de marcos de integridad y códigos éticos, compartidos y vigilados también desde la sociedad civil.

Daniel Innerarity nos viene planteando al respecto unas cuantas preguntas interesante (¿se trata de coger el poder o de hacer algo con él?) y algunas “estrategias para gobernar”, entre las que yo destacaría la necesidad de disponer de “sistemas inteligentes”, capaces de sobrevivir a los malos políticos y también incluso a los malos funcionarios. Sin duda hay que implantar este tipo de modelos (Mane Maseda) aunque no podemos olvidar que los modelos y las tecnologías son solo medios y es muy fácil convertirlos en fines como bien señala S. Jimenez. Si esto ocurre, estaremos matando la innovación

Gobernar el futuro significará implantar otros modos de hacer, incorporar la tecnología como instrumento y herramienta de rendición de cuentas y también de participación  (gestionar implicando a la gente), asumiendo los riesgos que eso conlleva.

¿Tenemos que ir a “gobiernos y administraciones nudistas”? (T. Fernández). Desde luego, habrá que entender y digerir la actual demanda de radicalidad democrática, además de incorporar las necesidades y expectativas de los “milenials” a las instituciones (O. Cortés). Pero si tuviera que resumir, la gran pregunta es si las Instituciones y las personas que las dirigen están preparadas para gestionar la transición que ya se está produciendo: entre lo nuevo y lo viejo, entre lo analógico y lo digital, entre un bipartidismo imperfecto y un multipartidismo alternativo y emergente…. En definitiva, ¿estamos preparados para gestionar la Innovación democrática?

Como alertó E. Cuellar en las #JOMCAL2014 , deberíamos estar atentos a lo que hacen por Europa (Observatorio de Innovación de la OCDE), e ir aprendiendo también, sin prejuicios, de algunas experiencias iberoamericanas…. Por cierto, de todo esto y mucho más se ha habló  también en el Congreso Iberoamericano de Innovación  #Novagob2014. Lo contaremos pronto aquí.

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Antonio Díaz Méndez
Sociólogo y gestor público. Experto en Estrategia y Administración Inteligente (Saber mas..)

Eloy Cuellar Martín
Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. (Saber mas..)