Nuevas formas: cuatro sugerencias para nombrar directivos públicos

La nueva forma de hacer política que traen como bandera las formaciones emergentes, necesariamente tendrá que verse acompañada de gestos, métodos y estilos diferentes también en la selección y nombramiento de altos cargos y puestos directivos en las nuevas corporaciones.  En diferentes ocasiones hemos abordado este asunto desde el blog, recientemente en el post sobre la “Gobernanza para un tiempo nuevo”.  Añado cuatro ideas o sugerencias para acometer con garantías mínimas estos procesos

1.- Procesos de selección públicos y con transparencia

Manuela Carmena, uno de los personajes públicos que simboliza en estos momentos  “el cambio en las formas y en las políticas” que tanto anhela buena parte de la ciudadanía,  lanzaba con acierto la idea de  concursos de méritos  entre funcionarios para acceder a cargos directivos y asesores de alto nivel técnico.  Es un primer paso sin duda importante alejarse de la mera designación nominal y discrecional que hacia recaer estos puestos en criterios tan poco profesionales como “ser amigo del concejal de turno”, “compañero del partido”, o sencillamente el consabido “porque yo lo valgo”, tan extendido en los tiempos de mayorías absolutas felizmente finiquitados…  Sin duda la trascendencia de las responsabilidades a asumir sobre personas y presupuestos exigen algo más para ocupar esos puestos, empezando por un proceso meritocrático que al menos sea público, donde se conozcan los requisitos  de los puesto a desempeñar,  y que además se realice con los mínimos exigidos de transparencia y libre concurrencia.  Bienvenidas por tanto estas medidas, que parecen querer abanderar sobre todo los partidos emergentes.  Ojalá cunda el ejemplo, en aras de la regeneración y profesionalización de la acción pública, aunque este sea solo el primer paso.

2.- Exigir formación y experiencia directiva acreditada

Durante los últimos años ha proliferado en España la formación de directivos públicos, alcanzando dicha oferta altas cotas en cantidad e incluso a veces en calidad, hasta el punto de que algunas organizaciones han logrado internacionalizar esos modelos.

Empezando por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), o la Escuela de Organización Industrial (EOI),  entre otros, diferentes organismos públicos tienen sus propios y más o menos prestigiados cursos de directivos, homologados en algunos casos por la Universidad, tanto en el número de horas, como en los contenidos académicos. Asimismo existen ofertas especializadas en centros de formación específicos, como el Centro de Estudios de Gestión , o el Instituto Ortega-Marañón, adscritos a la Universidad Complutense, por citar solo a algunos de los más veteranos, aunque ya son muchas las Universidades que cuentan con  formación especializada  en este campo.

Del mismo modo entidades del ámbito privado, como la escuela de negocios ESADE, son también pioneras en la formación de directivos públicos, ya desde finales de los años 80 del pasado siglo.  Y por si esto fuera poco, recientemente desde la sociedad civil se están impulsando procedimientos de “certificación” para el ejercicio de la Dirección Pública Profesional (DPP).  Así pues, no es nada difícil exigir y valorar la acreditación de dicha formación.

Mucho más fácil aún resulta valorar la experiencia acumulada por los aspirantes en puestos similares y cercanos en cada caso a la especialidad buscada.

3.- Procesos abiertos al conjunto de Administraciones

Requisito ineludible para mejorar la calidad de la selección, evitar la “endogamia” y cierto “corporativismo localista”,  es abrir estos puestos al conjunto de Administraciones  (Central , Autonómica y Local).  Esto sin duda favorece la pluralidad, cantidad y calidad de los aspirantes y por tanto la riqueza del proceso selectivo. También beneficiaría la movilidad de los  empleados públicos y el tan necesario intercambio y visión “cooperativa” entre administraciones, en un momento como este donde la escasez de recursos exige más que nunca buscar sinergias entre organismos públicos.

Para ello, el conocimiento de los distintos niveles administrativos siempre añade valor, y puede resultar muy enriquecedor en el ejercicio cotidiano de la función directiva, entre cuyos roles principales figurará una constante labor de “negociación” con las demás Administraciones, para llevar a buen puerto la mayoría de proyectos innovadores que se deberán acometer.

4.- Abiertos a la sociedad civil y no solo a los funcionarios

Finalmente,  determinados puestos directivos especializados deberían abrirse  al exterior, a la sociedad civil y el mercado, donde existe talento innovador que muchas veces no es fácil encontrar dentro de unas Administraciones por su propia naturaleza demasiado “conservadoras”.  Tanto en algunos puestos relacionados con las tecnologías, como aquellos vinculados a proyectos novedosos, donde no siempre será fácil reclutar en el interior esos perfiles, que sí encontraremos en una sociedad civil pujante y sobradamente preparada.

Como bien señalan expertos como Francisco Longo , la gerencia pública profesional exige sistemas abiertos y en constante diálogo con la sociedad.  Y a la hora de “formar equipos”, auténtica clave para el éxito de una gestión política e institucional, será muy conveniente contar con perspectivas complementarias entre lo interno (la administración) y lo externo (sociedad civil y mercado).

El diseño organizativo debe ser coherente con las nuevas estrategias y prioridades, y la provisión de los puestos directivos debería ajustarse a principios de confianza, mérito y capacidad, además de realizarse por procedimientos transparentes.

Tanto los partidos emergentes como los clásicos, si pretenden abordar en serio la “regeneración democrática”, deberán entrar a fondo en la profesionalización de la dirección pública y no quedarse solo en la cosmética.

 

Carmena ha puesto el dedo en la llaga, acierta en el diagnóstico y sus primeros nombramientos parecen apuntar en la buena dirección.  Ahora lo importante es acertar también con la cura de una herida que ha hecho perder “mucha savia” a las organizaciones públicas en el pasado.

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