Personas, territorio y gobernanza. ¿Es posible otro modelo #Smartcity?

Siempre me ha gustado más el enfoque de “Gestión inteligente de las ciudades”, más preciso desde el punto de vista conceptual, que el evidentemente más “marketiniano” de “Ciudades inteligentes”.  En 2006 -junto a E. CUELLAR y M. ARAGUETES – lo lanzamos en un curso de verano en El Escorial: “Gestión inteligente de las ciudades. Hacia un nuevo municipalismo”.

En aquel momento abogábamos por un enfoque “humanista”,  apoyado en cambios educativos, organizativos  y culturales, e inspirado en autores como JA MARINA, entre otros.  Así, tras finalizar el proceso participativo y aprobar el 2º Plan Estratégico de Alcobendas (2007), la idea fuerza con que subrayábamos la visión y las cinco grandes líneas estratégicas para la ciudad, era precisamente: “Alcobendas ciudad inteligente”.  Lástima que algunos tardaron una legislatura completa en darse cuenta de la validez de aquel enfoque.

Han pasado casi 10 años de esto que os acabo de mencionar, en Alcobendas se hizo un nuevo plan estratégico (el 3º) que recogió en parte ese enfoque, y ahora mismo me encuentro en Madrid empezando a elaborar un Plan estratégico para la descentralización municipal, que quizás pueda ser una oportunidad para llevar a la práctica este modelo, con algunas buenas lecciones aprendidas desde entonces, y el potencial de formar parte del gran equipo humano del Ayuntamiento de Madrid. La celebración del congreso iberoamericano de innovación #novagob2015 me ha permitido rescatar esta reflexión.

En este tiempo, la irrupción arrolladora del discurso y las prácticas de ciudades inteligentes, tanto a nivel nacional como internacional, han provocado ríos de tinta y millones de megas descargados en informes, estudios, jornadas y cientos de publicaciones, además de unas cuantas buenas experiencias y avances prácticos e incluso normativos  -aunque no tantos como power points  y presentaciones realizadas-.

El discurso de las ciudades inteligentes lleva tiempo demasiado “escorado” y condicionado por la tecnología (o para ser más precisos, por los intereses tecnológicos, que son muy legítimos, pero que no son exactamente los mismos que los de las ciudades y quienes las gobiernan).  Recientemente en su blog, uno de los consultores más reputados en estos temas, P. SÁNCHEZ CHILLÓN , reflexionaba en esta dirección, al igual que han hecho otros expertos como  T. SANCHEZ.

El relato está  en cierto modo “agotado” y necesitado de revisión, lo que en ningún caso significa desvalorizar el  impulso y trabajo realizado hasta ahora bajo esta “etiqueta” por diferentes actores públicos y privados, y sobre todo el trabajo institucional y de cooperación público-privada realizado desde la RECI, bien coordinado por MAY ESCOBARdonde colaboran un gran número de técnicos, profesionales del sector tecnológico y funcionarios de Ayuntamientos innovadores de todo el estado español.

La renovación me parece imprescindible, y apunto cuales serían, a mi modo de ver, los tres ejes sobre los que plantearía nuevos retos y reflexiones para dicha renovación:

  1. –Falta visión estratégica global sobre los problemas de la ciudad, los problemas reales que van mucho más allá del impacto tecnológico y la “monitorización” de la ciudad.

Problemas de tipo socio demográfico (envejecimiento, migraciones, vivienda,..), económicos (recesión y crisis del modelo de crecimiento), o los desafíos medioambientales y su incidencia en la ciudad.

Empezaré con un ejemplo muy gráfico de lo que quiero decir. Invertimos en complejísimos sistemas de indicadores y plataformas tecnológicas, sensorizamos la ciudad para controlar cuando se llenan los cubos de basura o la suciedad de nuestras calles, y mientras tanto no reparamos en lo obvio: si reducimos el personal de limpieza, las calles están más sucias…  Dicho de otro modo, nos gastamos más en medir y controlar que en gestionar. Hay una desviación en el objetivo y finalidad de la intervención pública, pervertida en este caso por intereses ajenos a una visión global, al interés general de la ciudad, que nunca lo puede aportar una empresa privada.

Sí, es cierto que el “cambio de época” que estamos viviendo está muy condicionado  y  catapultado por la “revolución tecnológica”, pero ese no es el único cambio, y centrarlo únicamente en ese aspecto nos puede llevar a errores significativos de diagnóstico. Al igual que cuando lo focalizábamos exclusivamente en  el urbanismo, las infraestructuras y la vivienda, eso nos llevó a la  “burbuja inmobiliaria”, ya se está hablando de la “burbuja tecnológica”.

Lo estratégico sectorial ha de estar bien enmarcado en lo estratégico global: nuestra misión como agentes públicos no es servir de catalizadores de los planes estratégicos de las empresas u operadores tecnológicos, sino hacer planes y tener visiones estratégicas propias de ciudad.

El RETO sería recuperar una visión global de los problemas centrada en las personas, y desde ahí abordar una gestión integral.  La ciudad no es inteligente ni sostenible si no es capaz de lograr que el progreso económico sea compatible con la mejora de la vida cotidiana de sus habitantes.

 

2.-Ha faltado una comprensión y respuesta al impacto y fractura social provocada por la crisis.  Una visión territorial y social de los problemas (si se quiere más “analógica”) que ha sido desplazada por una visión solo tecnológica (si se quiere,  más “digital o virtual”).  Mientras tanto, la desigualdad no ha cesado de crecer en el interior de las ciudades y las situaciones de “emergencia social” han puesto en evidencia los límites de los “paradigmas  Smart”.  Lo analógico y lo digital no se pueden concebir como realidades separadas, sino necesariamente únicas y complementarias.  Es verdad que mucha gente “vive en las redes”, como también lo es que salimos todos los días a la calle y las plazas, que usamos el transporte público y ocupamos el territorio.

La crisis económica ha hecho emerger en la ciudad un “nuevo malestar urbano” que se manifiesta de diferentes maneras e incide en la ocupación y uso cotidiano de los espacios e infraestructuras públicas, donde también afecta el uso de la tecnología:

– nuevos demandas de uso de plazas y espacios públicos por jóvenes, parados o mayores.

-nuevas necesidades de “convivencia urbana” para los desplazamientos en bicicleta (jóvenes) y peatonales (mayores)

– ocupación de espacios por grupos de activistas con proyectos sociales, culturales o de apoyo mutuo

– ocupación y uso del espacio público por unos “revalorizados abuelos” o por una nueva clase de “pensionistas activos”, con “mucho tiempo libre”.

– nueva sociabilidad articulada a través de las tecnologías y nuevas necesidades derivadas del uso intensivo de móviles (desde “zonas wifi” o con cargadores, a “zonas libres de móviles”, …etc.).

Necesitamos un enfoque plural e interdisciplinar sobre renovación territorial y urbana, que busque la cohesión social e incorpore las visiones y necesidades emergentes sobre el concepto de espacio público, los equipamientos e infraestructuras públicas en el siglo XXI.

Hay un RETO para entender y atajar ese nuevo malestar urbano, e innovar en la forma de intervenir en el territorio desde lo público, no solo en grandes operaciones y macro infraestructuras, sino desde lo pequeño, lo cercano: el barrio, la plaza, el parque y el espacio público de proximidad

 

3.-Hay que entender las realidades emergentes para la gobernanza de las ciudades. Se nos pide con razón una rendición de cuentas permanente, acabar con la corrupción y las malas prácticas cotidianas en el uso y manejo de los recursos públicos. Necesitamos un impulso renovador sobre la calidad de la democracia y fórmulas para mejorarla, que ya se están poniendo en práctica en algunas ciudades:

– que incorpore el uso de las tecnologías en los procesos de participación y escucha ciudadana  , como está mostrando  P. SOTO.

– nuevos modelos de cooperación  y colaboración público social

-transparencia real y apertura de DATOS y determinados recursos públicos, poniéndolos a disposición de la sociedad civil y los emprendedores

– nuevas formas y estilos de gobernar, escuchando más a los ciudadanos, a los funcionarios, las asociaciones y los colectivos innovadores y creativos, que son parte de la solución y no del problema de la ciudad, como señala N. MURGUI

El RETO aquí es  innovar también en gobernanza, incorporando dinámicas colaborativas con el tejido social emergente, los colectivos de activistas y emprendedores sociales, facilitando también el emprendimiento económico  y utilizando a fondo la tecnología social en los procesos de intervención pública. Hay que encontrar fórmulas jurídicas para esa cooperación público social, así como para las nuevas economías colaborativas que aparecen en las ciudades.

Desde luego, muchos creemos que no habrá ciudades inteligentes si no somos capaces de integrar la diversidad, corregir desigualdades y evitar la exclusión social, “aumentando las posibilidades vitales y culturales de los ciudadanos”.

 

En resumen, visión global y prioridad en corregir desigualdades, acción social desde el territorio -lo analógico y lo digital- y fórmulas más audaces de gobernanza.  Este puede ser el camino para una gestión inteligente de la ciudad centrada en las personas (en los problemas de la gente).

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Antonio Díaz Méndez
Sociólogo y gestor público. Experto en Estrategia y Administración Inteligente (Saber mas..)

Eloy Cuellar Martín
Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. (Saber mas..)