Perseverar en el gesto

A mi, como a mucha gente,  nos parece una gran noticia que hayan entrado en los Ayuntamientos un buen número de alcaldes y concejales jóvenes, muchos de ellos provenientes de los movimientos sociales.  Probablemente es el fenómeno más saludable que le ha ocurrido a la democracia española en los últimos años.

Ellos representantes a una nueva generación que llega de esta forma abrupta y limpia a la política,  tras ejercer la protesta y la agitación social, en respuesta a una durísima crisis que  tapona su salida laboral, a las políticas de austeridad arbitradas como respuesta desde Europa, y al progresivo deterioro institucional por prácticas corruptas muy asentadas en las instituciones, y contempladas con demasiada “benevolencia” por los partidos tradicionales.

Las nuevas “formaciones emergentes” -especialmente Podemos- han hecho un servicio impagable a la democracia al incorporar el espíritu, las formas y muchas personas del 15M a la política institucional. Ha sido posible gracias a sus buenos diagnósticos de situación (son los que mejor han sabido “entender lo que está pasando”)  y a facilitar nuevos instrumentos de participación y acceso a la política, que partidos y formaciones clásicas se habían mostrado incapaces de incorporar, más preocupados en defender sus trincheras y posiciones personales que otra cosa  – a veces se vive “demasiado bien” en la oposición-.

Algunos de los nuevos alcaldes y cargos electos emergentes han empezado por los gestos, que hay gente que los considera demagogia. No es mi caso.

Gesto  viene del latín y significa “actitud o movimiento del cuerpo”, derivado de “gerere”, ‘llevar’, ‘conducir’, ‘llevar a cabo´ (gestiones) o ‘mostrar´ (actitudes)  en el sentido de ‘actitud moral’… También puede referirse al participio de “gerere”, ‘gesta’ en el sentido de ‘hechos realizados por alguien’.  Por tanto, en el sentido literal y etimológico de la palabra, ´gestos´ (actitud moral), ´gestión´ (llevar a cabo, conducir) y ‘gesta’ son conceptos totalmente relacionados entre sí, y sin duda están muy presentes en los primeros  pasos de muchos de estos nuevos gobiernos.

Como bien señala Elisa de la Nuez en un reciente artículo  que ilustra con una imagen sobre Manuela Carmena y su grupo de Gobierno en Ahora Madrid, estos gestos iniciales eran más necesarios que nunca.  Efectivamente, “gobernar con naturalidad”, usar el transporte público para acudir al trabajo, tener un sueldo más parecido a los “mortales”, recibir y visitar los vecinos de los barrios y constatar la “suciedad realmente existente en las calles” o empezar por reunirse con los bancos para frenar los deshaucios,.. Son “gestos “ y actitudes  que mucha gente estaba deseando y necesitando, para darse cuenta, al menos, de que sus gobernantes les entienden, que se parecen a ellos y que no viven en “paralelos mundos del yuppy”, como hasta ahora parecía ocurrir, llevados en volandas de sus coches oficiales a sus “encastillados” despachos,  rodeados de asesores y aduladores . Coger el metro o la bicicleta parece aportar una pequeña dosis diaria de realismo.

Cuentan las leyendas urbanas que algunos Alcaldes gustaban de subir a su despacho en  ascensor “de uso exclusivo”, al objeto de no encontrarse con ningún mortal desprevenido en su acceso cotidiano al Ayuntamiento… Seguramente son leyendas sin fundamento, pero es evidente que algunos dirigentes habían perdido pie de forma notoria con la calle, y se  apoyaban además en diagnósticos más ideológicos que científicos, lo que les está pasando y pasará sin duda factura.

De todas formas, estos nuevos políticos necesitarán perseverar en el gesto, es decir, mantener la actitud en el tiempo, además de arremangarse y empezar a pasar del gesto a la gestión, a llevar los asuntos del día a día , donde hará falta, sin duda, aplicar en gran medida “criterios profesionales”.  Como hemos dicho en este blog en otras ocasiones, para acometer con ciertas garantías esta nueva etapa serán necesarias algunas herramientas clásicas de gestión, como tener planes claros de acción o de gobierno y configurar equipos directivos capaces de dirigir, motivar y confiar en los funcionarios públicos.

Los planes de gobierno son un instrumento lógico, racional y coherente para pasar de los casi siempre ambiguos, utópicos o muchas veces irreales programas electorales a auténticos planes de gestión, capaces de poner un poco de orden y direccionar el trabajo de las organizaciones públicas. Sobre todo en el caso de las “formaciones emergentes”, que en muchos casos acaban de acceder a los gobiernos sin experiencias previas de gestión, sería un buen instrumento para establecer sus prioridades, y sobre todo para realizar el ajuste entre el escenario o escenarios presupuestarios posibles y viables para la Institución y las principales proyectos de estas formaciones, aquellos que resumen y proyecten su ideario y sus nuevas políticas. En definitiva, aquellas actuaciones que les permitan  trasladar y convertir los gestos en resultados concretos para los ciudadanos.

Hay que pasar “del dicho al hecho”, de la comunicación y agitación política a la acción institucional,  y para esto ya no valen ni las mismas herramientas, ni los mismos  perfiles profesionales.  El “político” o “activista a tiempo completo” , tanto si utilizamos la terminología clásica de JA Torres Mora, como la más “moderna” de Pablo Echenique, necesita profesionales de la gestión capaces de introducir racionalidad a sus propuestas, relacionar objetivos con recursos y medios,  y sobre todo, ofrecer resultados tangibles y concretos para los ciudadanos, como consecuencia de las políticas públicas. Este tipo de perfiles son los directivos públicos, que no siempre es sinónimo de los“buenos funcionarios”, aunque las dos cosas son necesarias.

Una clave para el éxito estará precisamente en formar “equipos directivos” con perfiles plurales y equilibrados, de dentro y de fuera, y sobre todo, competentes en sus respectivas materias. Porque lo primero que tendrán que demostrar es su capacidad para motivar, dirigir y a su vez formar equipo con los generalmente bien preparados y excelentes funcionarios que tenemos en las organizaciones públicas.

No se me escapa que pasar del gesto a la gestión no será tarea fácil para estos nuevos “capitanes del cambio” -máxime con la lupa que tienen encima de sus cabezas- , sino que se puede convertir en una auténtica “gesta”, en ese eterno, recurrente y a la vez apasionante “viaje a ITACA” en el que se suele convertir los procesos de cambio e innovación pública… Pero, ¿hay algo más hermoso que emprender un viaje de esas características?…..

Nuevas formas: cuatro sugerencias para nombrar directivos públicos

La nueva forma de hacer política que traen como bandera las formaciones emergentes, necesariamente tendrá que verse acompañada de gestos, métodos y estilos diferentes también en la selección y nombramiento de altos cargos y puestos directivos en las nuevas corporaciones.  En diferentes ocasiones hemos abordado este asunto desde el blog, recientemente en el post sobre la “Gobernanza para un tiempo nuevo”.  Añado cuatro ideas o sugerencias para acometer con garantías mínimas estos procesos

1.- Procesos de selección públicos y con transparencia

Manuela Carmena, uno de los personajes públicos que simboliza en estos momentos  “el cambio en las formas y en las políticas” que tanto anhela buena parte de la ciudadanía,  lanzaba con acierto la idea de  concursos de méritos  entre funcionarios para acceder a cargos directivos y asesores de alto nivel técnico.  Es un primer paso sin duda importante alejarse de la mera designación nominal y discrecional que hacia recaer estos puestos en criterios tan poco profesionales como “ser amigo del concejal de turno”, “compañero del partido”, o sencillamente el consabido “porque yo lo valgo”, tan extendido en los tiempos de mayorías absolutas felizmente finiquitados…  Sin duda la trascendencia de las responsabilidades a asumir sobre personas y presupuestos exigen algo más para ocupar esos puestos, empezando por un proceso meritocrático que al menos sea público, donde se conozcan los requisitos  de los puesto a desempeñar,  y que además se realice con los mínimos exigidos de transparencia y libre concurrencia.  Bienvenidas por tanto estas medidas, que parecen querer abanderar sobre todo los partidos emergentes.  Ojalá cunda el ejemplo, en aras de la regeneración y profesionalización de la acción pública, aunque este sea solo el primer paso.

2.- Exigir formación y experiencia directiva acreditada

Durante los últimos años ha proliferado en España la formación de directivos públicos, alcanzando dicha oferta altas cotas en cantidad e incluso a veces en calidad, hasta el punto de que algunas organizaciones han logrado internacionalizar esos modelos.

Empezando por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), o la Escuela de Organización Industrial (EOI),  entre otros, diferentes organismos públicos tienen sus propios y más o menos prestigiados cursos de directivos, homologados en algunos casos por la Universidad, tanto en el número de horas, como en los contenidos académicos. Asimismo existen ofertas especializadas en centros de formación específicos, como el Centro de Estudios de Gestión , o el Instituto Ortega-Marañón, adscritos a la Universidad Complutense, por citar solo a algunos de los más veteranos, aunque ya son muchas las Universidades que cuentan con  formación especializada  en este campo.

Del mismo modo entidades del ámbito privado, como la escuela de negocios ESADE, son también pioneras en la formación de directivos públicos, ya desde finales de los años 80 del pasado siglo.  Y por si esto fuera poco, recientemente desde la sociedad civil se están impulsando procedimientos de “certificación” para el ejercicio de la Dirección Pública Profesional (DPP).  Así pues, no es nada difícil exigir y valorar la acreditación de dicha formación.

Mucho más fácil aún resulta valorar la experiencia acumulada por los aspirantes en puestos similares y cercanos en cada caso a la especialidad buscada.

3.- Procesos abiertos al conjunto de Administraciones

Requisito ineludible para mejorar la calidad de la selección, evitar la “endogamia” y cierto “corporativismo localista”,  es abrir estos puestos al conjunto de Administraciones  (Central , Autonómica y Local).  Esto sin duda favorece la pluralidad, cantidad y calidad de los aspirantes y por tanto la riqueza del proceso selectivo. También beneficiaría la movilidad de los  empleados públicos y el tan necesario intercambio y visión “cooperativa” entre administraciones, en un momento como este donde la escasez de recursos exige más que nunca buscar sinergias entre organismos públicos.

Para ello, el conocimiento de los distintos niveles administrativos siempre añade valor, y puede resultar muy enriquecedor en el ejercicio cotidiano de la función directiva, entre cuyos roles principales figurará una constante labor de “negociación” con las demás Administraciones, para llevar a buen puerto la mayoría de proyectos innovadores que se deberán acometer.

4.- Abiertos a la sociedad civil y no solo a los funcionarios

Finalmente,  determinados puestos directivos especializados deberían abrirse  al exterior, a la sociedad civil y el mercado, donde existe talento innovador que muchas veces no es fácil encontrar dentro de unas Administraciones por su propia naturaleza demasiado “conservadoras”.  Tanto en algunos puestos relacionados con las tecnologías, como aquellos vinculados a proyectos novedosos, donde no siempre será fácil reclutar en el interior esos perfiles, que sí encontraremos en una sociedad civil pujante y sobradamente preparada.

Como bien señalan expertos como Francisco Longo , la gerencia pública profesional exige sistemas abiertos y en constante diálogo con la sociedad.  Y a la hora de “formar equipos”, auténtica clave para el éxito de una gestión política e institucional, será muy conveniente contar con perspectivas complementarias entre lo interno (la administración) y lo externo (sociedad civil y mercado).

El diseño organizativo debe ser coherente con las nuevas estrategias y prioridades, y la provisión de los puestos directivos debería ajustarse a principios de confianza, mérito y capacidad, además de realizarse por procedimientos transparentes.

Tanto los partidos emergentes como los clásicos, si pretenden abordar en serio la “regeneración democrática”, deberán entrar a fondo en la profesionalización de la dirección pública y no quedarse solo en la cosmética.

 

Carmena ha puesto el dedo en la llaga, acierta en el diagnóstico y sus primeros nombramientos parecen apuntar en la buena dirección.  Ahora lo importante es acertar también con la cura de una herida que ha hecho perder “mucha savia” a las organizaciones públicas en el pasado.

Manuel Castells, crisis y movimientos sociales… ¿qué está pasando?

La pasada semana tuve la suerte de acudir a la conferencia  de Manuel Castells  “De la crisis económica a la crisis política, una visión global”, celebrada en Colegio Oficial de Ingenieros  Industriales de Madrid.  Castells es uno de mis autores preferidos desde hace años, entre otras razones por sus excelentes análisis sobre la irrupción de la “sociedad en red” y el impacto de Internet en la economía, realizados ya a principios de los años 90 del pasado siglo,  así como por su gran conocimiento sobre los movimientos sociales urbanos y su impacto en la política.

Dejo un resumen de dicha conferencia, advirtiendo a priori  de la gran subjetividad de esa labor de “escucha”, síntesis e interpretación,  que agruparé en unas cuantas ideas fuerza:

  • Hizo un repaso a las causas de la crisis global, identificándola en origen con la propia “avaricia”  e inercia natural del capitalismo financiero y especulativo  (no del capitalismo productivo) y de cómo se había respondido tras la crisis de Lehman  Brothers,  “salvando” desde el Estado al conjunto del sistema bancario que se podía haber venido abajo, arrastrando consigo una depresión aún mayor y en definitiva,  al “modelo capitalista” tal y como lo conocemos.

 

  •  Identificó después las diferentes repercusiones en distintos países y las respuestas dadas desde USA y Europa, mostrando mayor sintonía con la respuesta americana, a través de una política monetaria expansiva que permitió a los norteamericanos recuperarse rápidamente y reducir el desempleo.  Bajo la batuta de Obama, habrían planteado una inversión pública con mucha inteligencia, apostando por infraestructuras, energías renovables, e inversión en tecnología e innovación, entre otros sectores, que les permiten mantener su hegemonía mundial.  Todo ello combinado  con algo mucho “menos ecológico”, como permitir el “fraking” y explotar los yacimientos petrolíferos encontrados en la costa del pacífico, lo que  ha aumentado su independencia energética y está en la base de la bajada de los precios del petróleo a nivel mundial (lo que a su vez ha hecho entrar en crisis a algunos de los tradicionales países productores, como Venezuela, entre otros).

 

  • Frente a ello, lamentó la respuesta neoliberal europea, que unida a la debilidad que supone no disponer de una política fiscal común, estaría provocando una salida mucho más lenta de la crisis en este lado del Atlántico, junto a un empobrecimiento general, sufrimiento de las clases medias y bajas y ruptura de la cohesión social, especialmente en los países del sur de Europa.

 

  • En los países del área latinoamericana (con algunas excepciones), la afección de la crisis ha sido menor, al coincidir con una ola desarrollista (neodesarrollismo) sustentada en políticas públicas expansivas, que han conseguido impulsar un crecimiento económico sostenido, mitigando las enormes desigualdades, y apoyado también en la fortaleza de sus recursos naturales puestos al servicio de los países bajo dicho modelo. Todo ello favorecido por una fuerte incidencia de la inversión  proveniente de China, especialmente en el área del Pacífico.  Tras un primer periodo de avance y progreso económico y social notorio, están comenzando a aparecer fenómenos generalizados de corrupción en algunos de esos países (Brasil, Argentina,..) que pueden quebrar dicho proceso. Paradójicamente, en estos lugares se están produciendo movimientos sociales de contestación, bajo banderas  y consignas del liberalismo.

 

  • Explicó cómo esta gran crisis y recesión global, unida a la revolución digital, el impacto de internet en la economía y la irrupción de la sociedad red, están en la base de los movimientos sociales actuales y de la crisis de legitimidad de lo político y la política, lo que provoca una crisis de la democracia, tal y como se ha entendido hasta ahora.  Esto afecta de manera diferente en diferentes entornos y países, dependiendo de que los gobiernos y los actores políticos sean capaces de “entender lo que está pasando” y dar respuestas a la situación.  Así por ejemplo, en algunos países europeos está dando lugar a la aparición de movimientos ultranacionalistas, populistas  o neofascistas (Francia, Países nórdicos,  Italia,…) y en otros a fuerzas de izquierda o nueva izquierda, también con cierto carácter populista (Grecia o España).

 

  • Lo diferencial en España es el movimiento del 15 M, que es un movimiento transversal, intergeneracional, de indignación, rebeldía y respuesta a esta situación y a la insensibilidad e incapacidad de la política tradicional  para entender la crisis y ofrecer salidas a lo que está pasando.  Este movimiento está sabiendo analizar e interpretar la situación, además de utilizar perfectamente las nuevas tecnologías sociales llevadas al activismo cívico y político.  Resulta curioso observar cómo en este movimiento coexisten personas mayores, desencantados de las prácticas políticas tradicionales, con toda una generación de jóvenes “millenials”, preparados y  usuarios de tecnologías sociales, también  desencantados con las prácticas democráticas que han conocido y “taponados” en su incorporación a la sociedad por la crisis y el desempleo .  Lo singular de la respuesta social a la crisis en España es el surgimiento de este movimiento que, finalmente se ha traducido en la aparición de los llamados nuevos partidos “emergentes” –muy especialmente Podemos- que han catalizado hacia la política este sentimiento y necesidad de democracia social radical.

 

  • También señaló que hay un fuerte componente de “ruptura generacional” entre las cohortes demográficas que no han vivido el franquismo ni la transición.  Las nuevas generaciones  están cansadas de escuchar a modo justificativo las “batallitas y consensos de la transición” como explicación de lo bien que lo ha hecho la generación anterior.  Las nuevas cohortes de jóvenes -que no han votado la Constitución-  reniegan en mayor o menor medida de esos “consensos ”  y quieren o empujan un cambio generacional y otra forma de hacer las cosas, tanto en la política como en las empresas.   Es una crítica transversal a las élites dominantes.

 

Cómo podéis  intuir, fue una densa y magistral conferencia a la “antigua usanza” (más de una hora), donde finalmente el autor respondió además a un buen puñado de preguntas de los asistentes. Ante una de ellas,  Castells auguró que previsiblemente ya nada volverá a ser como antes en las formas de la política, donde la transparencia y rendición de cuentas permanente se presenta como inevitable, y  pronosticó que los nuevos actores, dado el intenso escrutinio público al que están y estarán sometidos, si reproducen las mismas formas que los anteriores, serán automáticamente castigados en las urnas, y por tanto, no les quedará otro remedio que “ser diferentes para sobrevivir”….  Veremos……

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Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. (Saber mas..)