Han pasado ya 6 meses desde las últimas elecciones municipales y a fecha de hoy siguen ajustándose las estructuras y nombramientos en muchos Ayuntamientos, proliferando atribuciones temporales de funciones y otros atajos similares para sortear la extraordinaria lentitud de los procedimientos para desplegar cambios de estructura y nombramientos (¿malos procedimientos o torpeza en su gestión?).  A estas alturas, casi se observa mayor lentitud en la local, que en la propia administración general del estado (AGE), por lo visto recientemente en el Gobierno de España, todo ello con independencia de la valoración que nos merezcan estas modificaciones de estructura (¿estamos colonizados por los partidos, como señala mi colega RJ Asensio ?).

Mientras los Dptos. de RRHH van finalizando los procesos de Estabilización y se preparan para agilizar las Ofertas Públicas de Empleo (OPES) necesarias para renovar a todos los “boomers” jubilables en los próximos años, algo tendremos que hacer en tanto llega la siempre enunciada y nunca alcanzada reforma de la administración. 

Lo que me interesa señalar en esta entrada son algunos retos que a mi modo de ver deberíamos enfrentar sin dilación en este mandato,  en parte continuidad de los que venimos arrastrando y otros provenientes de realidades emergentes, aunque no las queramos ver. Resumiré en 3 los desafíos principales que enfrentamos: 

1.- Simplificación e Integridad . Aunque tengamos diagnósticos y propuestas muy elaboradas de reforma global, como el recientemente presentado por el Forum para la Reforma de la Administración en Cataluña, lo cierto es que cada vez se hace más insostenible y farragoso el funcionamiento cotidiano de nuestras Administraciones y la paciencia ciudadana y de los propios funcionarios tiene un límite. No nos queda otra que ir aplicando las recetas disponibles, cada cual según voluntades (políticas) y capacidades (técnicas y de recursos), que cada vez son más escasas.  Coincido con lo señalado por Conchi Campos sobre “tres reformas inaplazables“ (simplificación, profesionalización y  personas en el centro) y puestos a priorizar, apostaría por gastar nuestras mermadas energías de cambio en proyectos que nos lleven de la digitalización a la simplificación.  Simplificar, rediseñando servicios (hay ejemplos como el “modelo dinámico  de atención al ciudadano de la TGSS”, o los realizados con metodologías agiles en los Servicios Digitales de Aragón) o procesos críticos. Hablamos de uno o dos proyectos ágiles y transformadores para el mandato, no más, pero muy bien elegidos y apoyados en Datos predictivos.

En paralelo, imprescindible mantener en alerta nuestros Sistemas de Integridad, Transparencia y Buen gobierno, con los matices bien señalados por Victor Almonacid , con medidas y acciones antifraude, porque de lo contrario corremos riesgos enormes de seguir ahondando la brecha de desconfianza entre los ciudadanos y nuestras Administraciones, además de arriesgarnos a perder fondos europeos. Por cierto, la AGE acaba de presentar su modelo de integridad, enmarcado en su IV plan de Gobierno Abierto, bien resumido en una reciente aportación por Fernando Monar .

2.- Dar credibilidad práctica a las políticas de sostenibilidad, movilidad y clima. En un reciente debate sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) celebrado en #Novagob2023 con Jordi Hereu, Beatriz Jordao y Esteban Romero, apuntamos la necesidad de huir de debates ideológicos para pasar a hablar de datos concretos, metas e indicadores logrados en las ciudades para el avance hacia dichos ODS: toneladas recicladas, m2 de superficies forestales, nº de árboles, huellas de carbono medidas, m2 de zonas de bajas emisiones, kilómetros de carriles bici, datos de calidad del aire, etc,etc.  Es en el dato concreto y especialmente desde razonamientos científicos, técnicos (JM Mulet) y avances reales donde podremos huir de los trampantojos ideológicos y el greem washing.   Muchísimo por hacer en la transición verde, con la ventaja de contar con los recursos que ya disponemos de Next Generatión y del Plan de Recuperación (PRTR) del Gobierno de España. Para ello tendremos que fijar misiones y objetivos concretos y medibles para el mandato, especialmente en los ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y 13 (Acción por el clima). 

3.- Recuperar la prioridad en políticas de Juventud, infancia y adolescencia. Estas políticas estuvieron de moda a finales de los años 80 del pasado siglo, hace más de 30 años (algunos recordareis los  famosos “planes jóvenes”). Posteriormente se fueron dejando a la inercia institucional, cuando no recortando sin tapujos ante otras prioridades. Ya desde la crisis de 2008 se puso en evidencia una cruda realidad, por primera vez en nuestra democracia había una generación que iba a vivir peor que la de sus padres y movimientos como el 15-M no fueron ajenos a esta percepción.  Es imprescindible volver a poner el foco en los demandas de esta “juventud atracada” (JI Conde Ruiz) y dejada de mano de los partidos y los poderes públicos, en cuanto a sus necesidades de inserción (acceso a vivienda y empleo), ocio y socialización (educación, redes) y salud (sexual, mental y nutricional), entre otras.  Estas políticas e intervenciones públicas necesitan innovación, nuevo foco de prioridad y salir de las rutinas e ineficiencias actuales. Hay que abordar sin tapujos la creciente desigualdad intergeneracional entre jóvenes y mayores a favor de estos últimos.

Sí, soy consciente de que para priorizar una política pública es necesario dejar de priorizar otras…

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